Canta y no llores
porque cantando se alegran
cielito lindo
los corazones...
Era sólo una niña cuando sus padres mandaron a Gertrudis, la pequeña Tru, a vender los productos que recolectaban de la huerta, bien temprano “montaban el tenderete” con los productos frescos en aquel mercadillo que todos los sábados ponían en el pueblo.
A
Tru no le gustaba eso de vender frutas y verduras, ella soñaba con ser
artista, como cantaba Conchita Velasco, o “folklórica”, como esas chicas que salían en un programa de
la tele. Cuando sus padres no estaban en casa, se ponía los vestidos de su hermana mayor y un mantón que guardaba su madre en un baúl y cerrando el puño a modo de micrófono se ponía a cantar por
Marifé, Juana Reina, Lola Flores, la Piquer…, ¡¡le gustaría tanto parecerse a ellas¡¡

Pasaban los años, y
Tru seguía vendiendo en el mercado aquellos malditos productos, los aborrecía, nunca los comía, pues para ella eran los que impedían que triunfara, que pudiera dar el salto a la capital y poder demostrar su arte ante algún productor musical.
Pero de repente el destino hizo una extraña pirueta... En el pueblo donde vivía
Tru se cometió un nuevo asesinato machista (ya eran
63 mujeres muertas en lo que iba de año en todo el país), la sonrisa de la alcaldesa, con tan sólo 44 años había sido borrada para siempre por su ex marido.
- ¿Hasta cuándo?, se preguntaba la chica.
Pensaba que a los maltratadores deberían “marcarlos” con algún distintivo y negarles el saludo, tratarlos como lo que son, pura basura.
Todo el pueblo se unió para condenar el crimen y se hizo un festival para recaudar fondos para los hijos de esta mujer, eso hizo que acudieran muchos medios televisivos a cubrir la triste noticia y nuestra
Tru se sumó a este homenaje interpretando un tema de
Marifé de Triana titulado “Tú no te has ido”, esa canción que tanto la hacía llorar, pues le recordaba a su mejor amiga, que unos años antes también se había llevado la parca.
Cantó la muchacha con tanto sentimiento, que de esa triste función, se le abrieron las puertas de lo que ella siempre quiso hacer, cantar.
Y por ahora, ahí sigue… cantando, y no le va nada mal. Ahora come mucha fruta y verdura, y sobre todo se acuerda mucho de su amiga, de todas las mujeres que son maltratadas, de sus padres y de esa huerta y ese mercadillo que tanto llegó a odiar.
No es plenamente feliz… ¡quién puede serlo en este mundo tan injusto! , pero se esfuerza, tiene gente a su lado que la quieren y la ayudan a levantarse cuando sus fuerzas flaquean.Y aún con sus penas, una de las canciones que más le gusta interpretar es
ésta.
FIN
Este relato caótico, se entendería mejor si se leyeran los 50 relatos anteriores, que nocheinfinita aún no ha escrito :))
“Sin humor, mi mundo no tendría sentido”. (noche)